ese o esa
Aquel o aquella que busca el autoconocimiento en el único momento posible y existente – aquí y ahora, y lo hace, ese realmente camina por el camino recto del despliegue de su naturaleza divina.
Necesitamos muy poco para seguir este camino. No necesitamos dinero para ello, ni condiciones, ni siquiera necesitamos tiempo – lo eterno no necesita tiempo, como tampoco necesita condiciones especiales.
Y el contacto con la eternidad, aunque sea por un instante – es como un microdestello que despierta, que aunque sea poco, impulsa. Y cuantos más destellos de esos te ocurren durante el día, más y más inclinado estás a seguir haciéndolo – cuestión de inercia.
Simplemente empieza.
Si no sabes por dónde empezar, empieza por esto. Despierta del sueño en vigilia, desconéctate de los cables del apego al mundo tentador de lo cotidiano, suéltate del hábito de asociarte con el cuerpo físico – tú no eres el cuerpo.
Mira desde dónde observas lo que ocurre en el mundo exterior – desde los ojos o desde el ojo interior. ¿Qué es lo primario?
Prueba a vivir en este estado, a trabajar, a ver películas o conversar, a comer, a ducharte, a ir al baño, al supermercado, al restaurante, al salón de yoga. Haz todo lo mismo, pero desde la posición del autoconocimiento o del no-hacer.
La tendencia a recordar quién eres acumula en ti algo que se puede designar como energía libre, que, al acumularse en una estructura íntegra, empezará a acumularse por sí misma, a intensificar el resplandor de conciencia ya existente, que seguirá creciendo.
Solo hay que empezar.
Aquel que trabaja en una oficina, frente a la computadora, en algunos aspectos quizás lo tiene incluso más difícil que quienes trabajan físicamente. El trabajo físico, en mi opinión, facilita la posibilidad de darse cuenta de que no eres tu cuerpo. Incluso el trabajo intelectual común, por ejemplo, el de un profesor de historia, ya nos afecta de manera distinta que el trabajo frente al ordenador. Porque cuando pasas el día entero en la computadora, la atención se desplaza a la cabeza, y el cuerpo como que se olvida. Si además te sientas frente al ordenador durante 10 o 12 horas, como hacen algunos informáticos, y yo a veces también, para qué mentir, hay una probabilidad muy alta de disolverse en ese mundo virtual, perdiendo así el autoconocimiento.
La realidad digital también es parte de la naturaleza y también se puede entender precisamente como naturaleza, hecha por personas vivas, en la que ellos pusieron su intención de creadores. Pero la complejidad de estas construcciones la vuelve, para nuestra percepción, incomprensible, lejana. Esto es así hasta que aprendas a percibirla como una parte del todo, igual que todo lo demás en este mundo.
Una de las opciones para evitar la influencia negativa de la vida informática en la conciencia: intercala tu trabajo frente a la computadora con ejercicios físicos. Cómpra un expansor, empieza a ponerte en cuclillas más seguido durante el día o a hacer flexiones, o al menos simplemente ponerte de pie y estirarte. Hazlo con toda la atención, procura en esos cortos intervalos de contacto con el cuerpo sentirlo bien, percibe que está vivo, devuélvele la atención.
Cuanto mejor lo percibas, mejor entenderás que tú no eres eso. Ahí está la clave. Una de las claves.
Sean atentos y que tengan prácticas fructíferas en su cotidianidad.
P.D.: Pronto publicaré un anuncio sobre las actividades que planeo realizar en mi Instagram (en transmisiones en vivo), suscríbanse: @artorius.oharra.
Arthur O'Harra.
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