una vez, en una galaxia muy, muy lejana
Una vez, en una galaxia muy, muy lejana...
Recuerdos... Son oscuros, son incontables... Son como un eco y la abrumadora mayoría de ellos es apenas perceptible... Tocan la puerta, piden entrar, ay, esos movimientos caóticos... Agradables y repugnantes... El impulso de regresar, con la simultánea imposibilidad de hacerlo...
¿Regresar adónde? ¿Y de dónde sale semejante deseo? ¿Acaso no es porque el orden interior está roto? ¿O se ha perdido algo valioso, como si se hubiera hecho pedazos, generando una sensación de pérdida y separación del todo? ¿Qué tiene de difícil recordar? ¿Qué impide recomponerse? ¿Y sería eso suficiente para recuperar la plenitud perdida del momento?
Anteojeras, anteojeras en el corazón — es el corazón el que juega aquí el papel clave, sin corazón el recuerdo será una enumeración seca de hechos... Ese famoso aquí y ahora, esa belleza del momento... Sin aceptación, sin una verdadera penetración en la memoria, es imposible conectarse con el todo. Y los recuerdos nunca te abandonaron — siempre estuvieron aquí, ¿adónde más podrían ir? Después de todo, no tienen piernas para caminar, ni siquiera son materiales... ¿Acaso existen los recuerdos? ¿O son solo una forma de hablar del pasado?
Se ha perdido otra cosa, y no son los recuerdos... Es la sensación de hogar, que es esa misma presencia del corazón en el momento... El que se fue fuiste tú, y quien levantó esta cerca también fuiste tú — un renegado que cambió el hogar, verdadero y eterno, por la cobardía y el vagar infinito en una búsqueda inconsciente de un sustituto, una copia, una falsificación... Tienes algo que ocultar, proteger, cuidar... Cobarde... Fugitivo... Mentiroso...
Recordar significa cargar con la responsabilidad por lo que te sucedió entonces y continúa ahora... Sí, todo eso ocurrió contigo. En ti se vertió la luz de la fuente divina, que es la Naturaleza en todos los sentidos imaginables e inimaginables, y no tuviste la fuerza para conducirla, fusionarte con ella, volverte uno con ella.
No supiste canalizar la belleza del momento y ahora ella arde lentamente rodeada de paredes solitarias... Eres un avaro inquisidor de la música... Ocupaste lo bello, privándolo de aire... Preferiste construir un muro y pasar a otra burbuja de percepción, olvidando por completo quién eres y QUÉ ERES...
Acéptate, pues, ¡oh, vagabundo!
Tu hogar te espera...
Vuelve a casa
y ya no
tendrás que
huir...
Conversación con uno mismo (de los diarios).
Arthur O'Harra.