refugio fisht
Al anochecer llegué al refugio Fisht. En el campamento había bastante gente para esta época del año — unas 30 personas. Era un pequeño pueblo de tiendas de campaña, en el centro había un edificio pequeño de dos pisos del Ministerio de Emergencias, una carpa grande con forma de casa de una planta, dos glorietas con fogatas adentro, y los baños a 20 metros de esas glorietas…
Al entrar al campamento, me registré de inmediato en el Ministerio de Emergencias, y luego hablé con los guardabosques frente al edificio principal. Me contaron que en los últimos días los osos estaban especialmente activos por aquí. Dijeron que justo anoche había llegado al campamento una osa con dos oseznos adolescentes. Uno
de esos oseznos desgarró con sus garras la tienda de unos guitarristas que acampaban, les robó una mochila con comida y salió corriendo. Los guardabosques lo persiguieron, le quitaron lo que quedaba de la mochila, y el osezno desapareció sin dejar rastro. Y entonces entendí lo afortunado que era — ni siquiera tendría que andar corriendo por las montañas a propósito para encontrar a la bestia, — ella misma vendría a mí…