La noche se acerca
…Después de eso, volvimos a sentarnos junto a la fogata, pusimos a hervir té de hierbas, y los chicos me preguntaron cómo y dónde planeaba pasar la noche. Les respondí que dormiría allí, en la glorieta junto al fuego, porque había llegado sin carpa ni bolsa de dormir —ligero de equipaje. —Pero sabes que aquí, por el campamento, los osos andan sueltos, ¿no?— preguntaron sorprendidos. Ya era de noche y la gente empezaba a colgar su comida en la glorieta donde estábamos sentados, envolviéndola en bolsas de plástico para que los osos no la olieran. En realidad, todo estaba planeado de antemano. Sabía adónde iba y qué me esperaba más o menos, porque ya había estado en estos lugares. Decidí ir ligero por una sola razón: para quitarme la posibilidad de esconderme, de protegerme, para librarme de la tentación de fracasar en la tarea. Ya antes de empezar la caminata entendía que de noche las probabilidades de encontrarme con un oso son mayores, así que durante la noche debía permanecer abierto y atento, y en lo posible no dormir…