Libro II · Dueño de la taiga · Capítulo 9 de 20
cueva de los deseos
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Por la mañana, Irina nos mandó a Romá y a mí a la cueva de los deseos, a la que, como me di cuenta después, nunca llegamos. Teníamos que subir todo el tiempo cuesta arriba, pero nosotros doblamos y fuimos en diagonal. Esa madriguera que sale en la primera foto también es una cueva, y adentro también había papeles donde la gente escribía sus deseos, pero no es la cueva de los deseos. Aun así, dejé un papel con un deseo, y no fue tanto mi deseo como una bendición. Al irme, puse un par de caramelos junto a la nota y le deseé al pueblo tuvano todo lo mejor. Después de eso, volvimos al carro y seguimos el camino...
Fotografías del capítulo